viernes, 22 de enero de 2016

Agua: su importancia en el deporte

El ser humano puede sobrevivir sin comida durante semanas, pero puede morir al cabo de tres o cuatro días si se priva de agua (aún en condiciones de una actividad física menor). Para el deportista la necesidad de agua es superior que para una persona sedentaria; podemos decir que el 60% del peso del cuerpo es agua (22% está contenido en los huesos y el 75% en los músculos) lo cual nos indica la importancia de este líquido en el rendimiento deportivo. Los órganos que contienen mayores cantidades de agua son el cerebro, el hígado y los músculos, de ahí que son bastante sensibles a la deshidratación.

En la práctica deportiva, el agua además de ser el medio donde se llevan a cabo los procesos de digestión, absorción y utilización de los nutrientes, es un excelente instrumento para disipar el calor corporal generado por el deporte; el  agua absorbe este calor al evaporarse, con lo cual enfría el cuerpo. A través de la sudoración durante el ejercicio, pueden perderse grandes cantidades de agua y ciertas cantidades de sustancias llamadas electrolitos como: cloruro de sodio (NaCl), potasio (K), magnesio (Mg), zinc (Zn), calcio (Ca), cloro (Cl) y otras sustancias como hierro (Fe) y algunas vitaminas. Existen una serie de factores que determinan las pérdidas de líquidos: el grado de esfuerzo, la temperatura ambiente, la humedad relativa, el grado de insolación y el viento, entre otras. Para un deportista la deshidratación afecta su capacidad de rendimiento, produce sed cuando la pérdida equivale al 2% del peso corporal, a medida que esta aumenta se presenta desde reducción de la orina, piel roja e impaciencia hasta confusión mental, delirio o falla renal cuando la pérdida excede al 11 % del peso corporal. Por todos estos peligros el deportista debe consumir agua antes, durante y después de una actividad deportiva.

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